UN. POCO DE HISTORIA.. ❗
El recuerdo de esa noche se pierde en la oscuridad de los tiempos. Muy probablemente era mediado del año 1913.
Don Juan Francisco Ocaña Sagástegui, a sus 56 años, había logrado convencer a los principales vecinos del antiguo caserío de “Los Ranchos” sobre la conveniencia de fundar otro pueblo en un lugar mucho más apropiado, al que llamarían Canchaque y que pugnaría con Palambla la sede de la capital distrital del recientemente creado distrito de Canchaque.
No era una decisión cualquiera. Era un acto trascendental que no admitía equívocos, por lo que era fundamental asegurarse el tomar la mejor opción.
Como buen huancabambino, buscó al “maestro” de mayor renombre de la zona, don Miguel García, brujo de los buenos y conspicuo criador de gallos, y a través del poder de su mesa consultó al san pedro de los siete vientos le diera las luces para elegir el mejor lugar donde fundar el pueblo de Canchaque.
La noche era oscura y fría, tan solo las luciérnagas de rato en rato titilaban entre los altos árboles que rodeaban la Loma La Esperanza. Al fondo de la hondonada, tras las matas de guayaquiles y cañaverales, se dejaba escuchar el arrullo de la quebrada Seca. Envueltos en sus gruesos ponchos de lana los hombres formaban un círculo alrededor de la mesa tendida en medio de la pampa.
– “Aquí te voy levantando, aquí te voy parando, con mi buena mesa, mis buenas espadas, buenas chontas, mis buenas artes; con mi buen tabaco negro, mis buenos cerros, cerro Mishahuaca, cerro Huando, Canchamanchay, aquí en esta loma te vengo desenredando, de todo mal, de toda tapiadura, de toda llamada en mesa, de toda ganada de cerro; bien querido, bien nombrado, bien citado, bien respetado-. El maestro Miguel García, ya en pleno trance chamánico por efecto del san pedro, farfullaba en medio de la oscuridad, caminaba hasta los contornos de la loma como puma acorralado, y levantando sus frascos de olores shulalaba a los cuatro vientos mientras con sus pies golpeaba con fuerza la tierra humedecida por el rocío de la madrugada-.Con mis buenas lagunas, laguna Negra, laguna Shimbe, laguna del Rey, aquí las vengo invocando, las vengo llamando, las vengo citando, para que nos ayuden en esta noche, para que nos alumbren y nos revelen dónde se levantará el futuro pueblo de Canchaque”.
De pronto se quedó en silencio, como escuchando una voz que nacía desde el fondo de sus entrañas.
– Allí, allí, don Juan Francisco-, dijo al fin señalando la banda del frente, en la margen izquierda de la quebrada Seca -. Por en medio de los cañaverales de doña Tomasa Elera, veo el chorro de luz de dos faros muy potentes que suben haciendo un sonido fuerte, como de motor.
– Estas viendo los faros reflectores de los carros-, lo interrumpió don Juan Francisco Ocaña, aproximándose hasta el borde de la loma.
– Así es don Juan- afirmó con voz exaltada el maestro Miguel García-, por allí cruzaran los carros en viajes a Huancabamba, allí fundaras el pueblo, allí construirás su plaza y su iglesia.
Don Juan Francisco Ocaña, como en un sueño, alcanzó a ver las casitas de adobe con sus techos de teja o de paja, las callecitas empedradas y angostas, la plaza y la iglesia del futuro pueblo.
– Sí, allí estará ubicado… será un pueblo hermoso y se llamará Canchaque, así me lo ha revelado esta noche el san pedro -. Dijo al fin con la voz quebrada tras un largo silencio.
Y fue desde esa noche que se determinó la ubicación del pueblo, y así desde el amanecer, caliente caliente, se iniciaron las gestiones para conseguir los terrenos donde se edificaría el actual pueblo de Canchaque.
Fue una tarea ardua, donde también Cupido puso su arco y sus flechas al servicio de esta causa, tal vez por eso a Canchaque también se le puede denominar “El Pueblo del Amor”, ya que mucho tuvo que ver el corazón, y hasta “la parca”, para lograr los terrenos donde hoy se erige; pero esa es ya otra historia.
Volviendo al tema. Siguiendo la costumbre impuesta desde la llegada de los españoles para la fundación de las ciudades, se determinó el canchón destinado para la Plaza de Armas, alrededor de la cual se establecieron los lotes para los edificios de las principales instituciones de la época como la Municipalidad y la Iglesia, así como para las casas de “los notables”; y a partir de allí, siguiendo el clásico trazado en forma de damero, se delinearon las primeras calles y cuadras de Canchaque.
Así pues, fue este espacio el núcleo del posterior desarrollo urbano y el escenario principal de todas las actividades sociales, políticas, religiosas y culturales que en el transcurso de su historia se desarrollaron.
Un hecho a resaltar es que desde sus orígenes, en el año 1914, y en ya más de una centuria de existencia, jamás en su perímetro se ha cometido asesinato; por ello, creo que más que una “Plaza de Armas”, nombre puesto en consonancia con los usos de la época, es en realidad la “Plaza de la Paz”, corazón y alegoría principal de la identidad del pueblo de Canchaque.
En sus inicios este no era más que un espacio abierto, más parecido a un corralón o potrero que a un parque, por el que discurría las aguas de las ciénagas y de la pileta pública que había en sus inmediaciones, en cuyos alrededores, sujetas a argollas metálicas incrustadas en las veredas, se amarraban las bestias caballares de los campesinos que acudían al pueblo, espacio donde también se desarrollaban intermitentemente algunas ferias comerciales y actos festivos de carácter religioso o cívico, y era también el lugar de concentración de candidatos y partidarios en épocas políticas.
Ante esta situación, en el mes de junio de 1935, a iniciativa del entonces alcalde, don Francisco Ramírez Facundo, se constituye un Comité Pro Parque, liderado por don Noé Ramírez Vásquez y don Marcelino Vásquez Huamán, y se dio inicio a una ardua labor de recolección de fondos; sin embargo, luego de más de un año de intenso trabajo, en sesión del 9 de setiembre de 1936 se acordó:
“Que fracasadas las expectativas de los Miembros del Comité, por lo reducido de los fondos erogados: S/ 393.50 cts. Se dispuso que este dinero pase a beneficio del templo, para construcción de un altar mayor, autorizando al presidente para que contrate el material necesario y confeccione el presupuesto”¹.
La Plaza actual fue construida en 1958, por la gestión edil de don Félix Águila Adrianzén, mediante la generosa contribución pecuniaria y el trabajo comunal de los vecinos, así como una partida asignada para tal fin por el gobierno de Manuel Prado Ugarteche. La piedra utilizada para sus muros y obras de cantería fue extraída de la quebrada Seca, hoy conocida como Limón, y desde entonces no ha sufrido mayores modificaciones a su diseño arquitectónico inicial.
📌ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES:
Una plaza de armas es el primer escenario público de un pueblo y en ella se representa, de manera simbólica, su identidad y cultura; así pues, por poner algunos ejemplos, la plaza de Piura tiene a “La Pola”, como una alegoría a la libertad y al denodado aporte de los piuranos a la causa independentista; Huancabamba tiene como ícono principal a “La Samaritana”, que representa la proverbial generosidad y hospitalidad del pueblo huancabambino; Sóndor tiene en su plaza como figura principal a un cóndor, en remembranza a las raíces toponímicas quechuas de su nombre “kuntur”; Sondorillo a “La Campesina”, como tributo a la mujer y en homenaje a su identidad representada en el anaco, el copo y el “shucsho”; Sapalache tenía -ahora no sé por qué la han cambiado por una escultura de la Virgen del Carmen- a una mujer campesina ordeñando una vaca, en homenaje a la labor campesina y la reconocida calidad de su producción láctea y derivados; y así podemos seguir enumerando muchos ejemplos más tanto en nuestra región como a nivel del territorio nacional; sin embargo, el año de 1995, sin mayor consulta a la población, y sin que responda a nuestra identidad o conmemore un hecho histórico o cultural propio, se colocó como símbolo principal de nuestra plaza la imagen de un ángel semidesnudo, de alas cortas y ojos ciegos que levanta una antorcha apagada, de autoría anónima, comprado en un mercado de remates de Villa El Salvador de Lima.
Será que subliminalmente esta escultura nos quiere dar a entender que tenemos las alas truncas para volar; que tenemos los ojos ciegos para ver; que estamos pobres y casi desnudos de identidad; que hemos apagado la antorcha de la esperanza y del futuro…
Creo, además, que es discriminatorio, pues no identifica en él a la cada vez más grande población que no profesa la religión católica, como los evangélicos y otros.
Y si estoy equivocado, entonces, díganme si de manera directa o metafóricamente rinde homenaje a nuestra identidad o acervo cultural; si rinde homenaje a un personaje o un hecho histórico; si representa nuestra producción campesina o potencialidades de nuestro pueblo; si nos identifica o nos identificamos con ella; entonces me pregunto, por qué no, previa consulta con el pueblo, convocamos a un concurso nacional y colocamos en su lugar un ícono que represente mejor la identidad y cultura canchaqueña, una escultura de un artista reconocido y de alto valor estético, que simbolice, digo, por ejemplo, la Mama Pacha, en homenaje al ubérrimo paisaje que nos rodea y al amor por nuestra tierra a la que siempre queremos volver, reconocida por su belleza como “Capital Turística de la Región Piura”; o de pronto el café, producto bandera de Canchaque, reconocido mundialmente, por el cual somos “Capital del Café Orgánico de la Región Piura”; o la familia campesina, por cuyo cotidiano y silencioso esfuerzo hoy somos los que somos.
Pero no es extraña esta alienación, porque si nos fijamos bien, de todas las calles que componen el casco urbano de Canchaque, tan solo una nos remite a un personaje histórico, la calle Juan Francisco Ocaña Sagásteguí, ninguna otra más, y hemos olvidado ingratamente a hombres y mujeres que mucho aportaron al engrandecimiento e historia de Canchaque, a continuación algunos de ellos:
– Cacique Cosme Chinguel, compró a la corona de España el 10 de octubre de 1645 las tierras de la actualidad comunidad campesina de Andanjo.
– Alfonso Vásquez Arrieta, delicado poeta y Presidente de la Corte Superior de Justicia de Piura.
– César “Mote” Ramírez Vásquez, bohemio y eximio compositor y guitarrista canchaqueño.
– Miguel Segundo Ciccia Vásquez, diputado, empresario y reconocido compositor, autor del vals “Rosal Viviente”, máximo embajador del pueblo de Canchaque, a quien mucho se le debe por el posicionamiento de nuestra tierra como destino turístico.
– Ignacio Peña Bobadilla, cuyo trabajo permitió el máximo apogeo de las organizaciones campesinas a través de las cooperativas agrarias y el reconocimiento nacional e internacional de la calidad de nuestro café.
Como colofón de este artículo diré que no es mi intención pontificar sobre Canchaque, sino más bien todo lo contrario, despertar un espíritu crítico que nos ayude a repensar e interrogarnos críticamente sobre nuestro devenir histórico, a generar una polémica constructiva que nos permita fortalecer nuestra identidad y cultura, y la construcción sostenible, mancomunada y corresponsable de un mejor futuro.
Canchaque, 20 de septiembre de 2018.
🔴REFERENCIA BIBLIOGRAFÍA:
1. Alejandrino Vásquez Ramírez. Monografía de Canchaque, pag. 19-20 y 118 -119.